Balneario

El Balneario denominado en la actualidad Aquae, según mención de textos de la época de Wamba, a propósito de la consagración de un obispo de nombre Cuniuldus en aquel lugar, fue muy relevante y a él acudían miembros destacados de la sociedad romana, entre ellos un senador y probable gobernador  de la Cappadocia en tiempos de Maximino, Licinius Serenianus, quien agradecido por la curación de su hija Varinia Serena, ofrendó un área en honor de Iuno Regina.

El manantial, cuyas aguas surgen a una temperatura de 28º y con un caudal de 216 litros por minuto de características eminentemente radiactivas, es de excepcional calidad y con propiedades muy reconocidas para enfermos aquejados de trastornos nerviosos  en su mayoría que acuden en buen número durante la estación de baños. Fue conocido probablemente antes de la llegada de los romanos como explican diversos testimonios arqueológicos que denotan un asentamiento importante en la zona, de carácter estratégico por otra parte en rutas importantes.

El conjunto de construcciones del balneario, a todas luces excepcional y casi único, ocupa una buena extensión que corresponde a un amplio y agradable paseo, a las dependencias modernas y al edificio romano. Su aspecto exterior, de figura irregular, no alcanza a darnos idea de su grandiosidad interna.

Las termas romanas propiamente dichas constituyen un cuerpo de edificio rectangular, de 33 metros en sus lados mayores y de 16 en los menores. Su orientación es de oeste a este y en el se inscriben dos rotondas o cámaras gemelas.

Una empinada escalera, adosada modernamente a uno de los lados menores del edificio, desemboca en un corredor cubierto por bóveda de medio cañón, donde se hallan las entradas a las cámaras gemelas.

Ambas, hoy en uso, ofrecen las mismas características y proporciona: 10,90 metros de diámetro y 13,86 metros de altura. En su centro se ubican sendas piscinas, circulares, provistas de gradas de bajada. La cubierta en cada caso es una bóveda en cúpula hemiesférica, en cuyo centro se  practicó un oculus o apertura circular para propiciar luz y ventilación a las estancias.

Las bóvedas en su día estuvieron decoradas con pinturas de la que todavía era posible apreciar algunos indicios a finales del siglo XVIII. A lo que parece presentaban especies vegetales.

Distribuidas simétricamente en los muros de cada sala se abren cuatro exedras a modo de ábsides u hornacinas, algunas simuladas en sus dimensiones por la construcción de tabiques de panderete para aprovechar el espacio como vestuario de bañistas. Su finalidad no era otra que la arquitectónica, pues constituyen el soporte de peso de la bóveda a modo de grandes atlantes de curvas espaldas.

En el patio del Balneario, empotrada en la pared puede verse el ara votiva antes referida ofrendada a la Diosa Iuno.

Las termas fueron recuperadas tras su abandono secular en el siglo XVIII y utilizadas para uso público, con sucesivas reformas producidas en el pasado siglo y varias en el presente. Actualmente el conjunto ha sido dignificado convenientemente.

Las termas de Alange, por su excepcional estado de conservación, constituyen un documento excepcional de lo que era un completo termal romano de primer orden. Bien es verdad que eran más modestas que otras del Imperio, como las de Baia, pero no iban a  la zaga de las conocidas. El hecho de encontrarse junto a la capital de Lusitania y posteriormente de la capital de la diócesis de las Hispanias motivó sin lugar a dudas su categoría y desarrollo. Como paralelos podríamos acudir, además de las ya referidas de Baia las de Baños de Montemayor (Aquae caperenses), mucho más modestas, las de los Cazadores de Leptis Magna etc.

La cronología del conjunto, en ausencia de excavaciones aún por realizar, por su arquitectura, habría que situarla en época de los flavios.

El estado de conservación del conjunto es excepcional en las dos cámaras gemelas, desconociéndose el resto al no haberse efectuado las excavaciones arqueológicas. Sería preciso emprender unas buenas campañas de estudio arqueológico para determinar el perímetro de balneario, de sus dependencias y de su entorno íntimamente ligado a él. Habría que efectuar ciertas consolidaciones y trabajos de dignificación que complementarán lo ya emprendido loablemente por sus actuales propietarios.

La propiedad es particular, de una sociedad compuesta por varias familias de Badajoz, descendientes de D. Abdón Berbén, antiguo propietario del complejo. La propiedad la comparte la Excma. Diputación Provincial de Madrid y la Excma. Diputación Provincial de Badajoz.

Las termas fueron declaradas Monumento Nacional en 1931.